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LA EDUCACIÓN EMOCIONAL


 LA EDUCACIÓN EMOCIONAL

La emoción es ese motor que todos llevamos dentro. Una energía codificada en ciertos circuitos neuronales localizados en zonas profundas de nuestro cerebro (en el sistema límbico) que nos mueve y nos empuja “a vivir”, a querer estar vivos en interacción constante con el mundo y con nosotros mismos. Circuitos que, mientras estamos despiertos, se encuentran siempre activos, en alerta, y nos ayudan a distinguir estímulos importantes para nuestra supervivencia (Mora, 2012)

Entendiendo que las emociones forman parte esencial de nuestra vida y nos impulsan de forma permanente en ella, pasaremos a indagar sobre otro concepto fundamental, señalado por los profesores universitarios Bisquerra y Pérez (2012) en su definición de educación emocional: las competencias emocionales. Las competencias emocionales deben entenderse como un tipo de competencias básicas para la  vida, esenciales  para  el  desarrollo  integral de  la  personalidad. Son  un  complemento indispensable del desarrollo cognitivo sobre el cual se ha centrado la educación a lo largo del siglo XX. La educación emocional se propone optimizar  el  desarrollo  humano; es decir, el desarrollo integral de la persona (desarrollo físico, intelectual, moral, social, emocional, etc. (Bisquerra y Pérez, 2012)

Las emociones han estado presentes a lo largo de la historia, aunque su grado de protagonismo no haya sido siempre el mismo. Podemos considerar que la psicología humanista, representada por Carl Rogers, presta una atención especial a las emociones. Esto se sitúa a mediados de siglo. También a lo largo del tiempo nos han llegado aportaciones filosóficas como las de Aristóteles, Kant, Hume, Dewey, y muchos otros pensadores, y aportaciones científicas como las de Lazarus (1991), Lewis y Haviland (1993), Strongman (1991-1992), Goleman (1995), Csiksentmihalyi (1997), entre otros. Estas aportaciones han dado lugar a redefinir las emociones y a estructurar toda la temática.

La educación tradicional ha valorado más el conocimiento que las emociones, sin tener presente que ambos aspectos son necesarios. La educación actual no debe olvidar que también es necesario educar las emociones. Educar significa contemplar el desarrollo integral de las personas, desarrollar las capacidades tanto cognitivas, físicas, lingüísticas, morales, como afectivas y emocionales. Así pues, las emociones también deben ser educadas y la escuela forma parte de ello







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